Miércoles 20 de Septiembre de 2017
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POLICIALES
Martes, 18 de abril de 2017
DOS ARREPENTIDOS REVELARON A LA JUSTICIA CÓMO ERA LA TRAMA DE LOS NARCOS EN ITATÍ
Trascendieron algunos detalles del expediente. Se estima que unas 15 toneladas de marihuana ingresaban por semana a la localidad y en la prosperidad del negocio empezaron a traer cocaína desde Perú, vía Paraguay.
El intendente Roger Terán y su hija Mariela, el viceintendente Fabio Aquino y gran parte de su familia; el comisario local, Ocampo Alvarenga, además de funcionarios de la Policía Federal y de la Gendarmería, entre otros, formaban parte de una megabanda narco encargada de ingresar a la Argentina la marihuana proveniente de Paraguay, que luego se distribuía en una decena de provincias y que próximamente se aprestaban a exportar a Chile. Una organización criminal que había convertido a Itatí en un pueblo narco.
La revista Noticias reveló la trama de la banda. Dos arrepentidos contaron a la Justicia cómo actuaban y el desempeño que tenía cada uno.
“Liberame a los dos tipos de Yegua y te mando gasoil”. La frase es del intendente Natividad Roger Terán, quien está preso desde el 14 de marzo. Yegua era el apodo de Eustaquio Noguera, suegro de Fabio Aquino. El hombre, junto con la cuñada de Aquino, Noelia Noguera, y la hija de esa mujer, de 6 años, se ahogaron cuando el viernes 19 de agosto de 2016, a las 13, la lancha impactó contra un banco de arena en el riacho Paranamí, cercano a la localidad paraguaya de Itá Corá.
A Yegua se lo nombra en la escucha que figura en el expediente Nº 4795/2013 al que accedió Noticias. Era un conocido narco local. Formaba parte de la facción de la banda identificada como Los Gordos, a la que pertenece una de las hijas de Terán, Mariela, que fue detenida junto a su esposo, Ricardo Piris. Ella está ahora con prisión domiciliaria. Un trámite que gestionó su abogado para que atienda a sus dos hijas menores. En su auto hallaron unos 500 kilos de marihuana. El trueque que el intendente le ofrecía al comisario local, Diego Ocampo Alvarenga (también detenido por el mismo expediente), aunque suene absurdo, implicaba liberar a dos narcos detenidos a cambio de combustible para los patrulleros.
La causa se desprende de otra, la 8606/2013, en la que se investigaba una banda narco encargada de la venta de drogas en la villa 21-24 y Zabaleta, al sur de la Ciudad de Buenos Aires. Y llevó a los investigadores hasta la pequeña y humilde ciudad correntina en la que viven apenas 7.900 habitantes y donde, llamativamente, costosos yates iban y venían al Paraguay. Hoy, en el juzgado federal 12, de Sergio Torres, se siguen más de 20 causas conexas por las que hay 33 detenidos, más de 60 personas involucradas y una flota de autos, camionetas, camiones, motos y embarcaciones valuados en varios millones de pesos que le fueron secuestrados a los narcos.
Fue clave para la investigación el aporte detallado de dos arrepentidos y un testigo encubierto que conocían a la perfección los movimientos de cada uno de los narcos, que, según los investigadores, eran los principales traficantes de marihuana del país: 15 toneladas por semana.

La pata política

“El problema de estos narcos es que no hicieron la gran Pablo Escobar Gaviria: bajar negocios a los más pobres. Eso nos acercó a dos arrepentidos que nos dijeron ‘lo que tienen secuestrado (300 kilos, en ese momento) es apenas una muestra’”, aseguró a Noticias una alta fuente judicial.
Eso lo sostiene el expediente al decir que “el cuadro probatorio reunido hasta entonces se fortaleció a partir de la incorporación del relato de dos personas que manifestaron acogerse a la figura del ‘arrepentido’, quienes brindaron una descripción detallada de cómo operarían aquellos narcos, asentados en Itatí”.
Según se desprende de la causa, en la localidad correntina hay tres grupos que se reparten el manejo del narcotráfico: el comandado por Carlos Alberto Bareiro, alias Cachito, actualmente detenido en la Unidad Penitenciaria 7 de Resistencia; el de Luis Alberto Saucedo, más conocido como Lucho y Gordo; y el de Federico Sebastián Marín, líder de la banda de La Morenita. En un principio, la Justicia creyó que se trataba de tres bandas diferentes, pero están convencidos de que son tres fracciones de una sola, por la manera en la que se reparten la distribución de la droga y porque incluso se llegó a comprobar que se prestaban integrantes para realizar diferentes entregas.
De las tres facciones, la más importante es la de Bareiro, conocida como la banda de Los Gordos. La relevancia se la da la cantidad de personas que la integraban y la relación directa que tenía con el intendente local, Natividad Terán. Sin ir más lejos, uno de los hombres de mayor confianza del líder narco era Ricardo Piris, marido de la hija del intendente, Mariela. Ricardo sería el encargado de orquestar la protección política por medio de su suegro.

Aportes a la campaña política

Según el expediente, el intendente era el encargado de transmitirle a su vice las directivas de Saucedo y así articular a los cómplices de las fuerzas de seguridad sobre cada embarcación que arribaba con droga. Aquino, quien en las escuchas de la causa aparece directamente hablando de mover droga, era el más activo de la pata política de la banda. Él sería el encargado de bajarle línea al comisario local, Ocampo Alvarenga, quien, junto al sargento Mario Molina y a la agente Gabriela Quintana, se ocupaba, según concluye la investigación, de informar sobre los movimientos que las fuerzas federales realizaban en la zona. Para los investigadores, el vice no era el único de su familia involucrado. También formaban parte de la banda sus hermanos, Hernán y Cristian Aquino, ambos detenidos más de una vez por tráfico de drogas, y su hermana Evelin, pareja del líder de La Morenita, Marín. Esta unión entre políticos y narcos se debería a que los traficantes habrían sido los principales aportantes de la campaña electoral de Natividad Terán. Las 15 toneladas semanales de marihuana ingresaban por medio de embarcaciones y desembarcaban en los amarraderos de Itatí. Luego era retirada por los compradores, quienes se encargaban de distribuirla en Buenos Aires, Capital Federal, Córdoba, Chaco, Tucumán, Rosario, Santa Fe y Santiago del Estero (desde donde se exportaba a Chile).
Los investigadores insisten en que “lo de Itatí es apenas un comienzo, porque en Misiones la situación es igual o peor”.


 
 
 
 

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